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Cuántas veces has salido de paseo y y has visto a alguien paseando a su perro con una correa extensible?
Probablemente un montón de veces ya que están en todas partes. Estas correas se pueden comprar en cualquier tienda de artículos para animales. Vienen en diseños muy chulos y hay muchos modelos donde elegir. Así que un buen día decides comprársela a tu perro. Piensas que le estas comprando algo con lo que encontrará sus paseos más divertidos, ya que le da más libertad. No se te ocurre que estás comprando algo que podría causar daños a tus críos, a tu perro, a ti mismo o a cualquier inocente viandante que se te cruce un mal momento. ¿Crees que estoy exagerando y siendo alarmista? Desafortunadamente no.
Mis razones para no usar correas extensibles.
Las correas extensibles se pueden conseguir en distintos tamaños. Las hay de hasta de 8 metros de largo. Lógicamente cuanto mas largas son mayor es la pérdida del control del animal. Si el perro se aleja mucho de nosotros y en ese momento pasa alguien deprisa, por medio, como en bicicleta o patinado, podemos causar un accidente grave. La cuerda o cinta puede romperse. Si la correa se soltara y el anclaje regresara sin control a máxima velocidad, el anclaje podría causarnos heridas en la cara. Se han dado casos de dientes rotos, heridas en los ojos e incluso ceguera.
Con la correa extensible es fácil que la cuerda se enrede en el cuerpo de algún desafortunado desconocido, de nosotros mismos o del propio perro. Si el perro está lejos y necesitamos acercarlo de inmediato, nuestra reacción suele ser agarrar directamente la cuerda con la mano para parar y acercar al perro. Agarrar directamente la cuerda es algo que nunca debemos hacer porque si en ese momento el perro sale corriendo podemos encontrarnos con heridas que pueden ir desde amputaciones de dedos, cortes, quemaduras y laceraciones profundas en manos, piernas y brazos hasta caídas serias.
Si el animal es el que se lía con la cuerda, de salir corriendo se puede lastimar en alguna patita. Si el perro está corriendo a mucha velocidad, al acabarse la cuerda hacerse daño en el cuello. No solo puede hacerse cortes graves, sino que además puede dañarse la traquea y al no ser una herida visible no lo sabríamos.
Los mangos de estas correas son grandes, duros e incómodos y no siempre los llevamos agarrados correctamente por lo que es fácil que se nos caigan. Los perros que se asustan con más facilidad suelen salir corriendo aterrorizados cuando escuchan el mango caerse. Lo peor es que como el mango les persigue corren y corren.
En estos casos es fácil que el perro se pierda o bien que acabe cruzando carreteras con el peligro que conlleva. El mecanismo, como cualquier otro aparato, se puede romper. Nos podemos encontrar que, en el momento más inoportuno la correa no se extiende, no se retracta o se suelta dando libertad al perro.
Las correas extensibles son una mala idea, especialmente para los perros que no han sido entrenados para caminar educadamente con una correa regular. Por su propia naturaleza, las correas extensibles enseñan a los perros a tirar mientras lleven la correa puesta porque aprenden que tirando se pueden alejar más.
Si tu perro está bien entrenado, es amable y educado y lo suficientemente inteligente como para dominar una correa regular y una correa extensible sin confundirse, tú podrías ser uno de esos guardianes raros que pueden pasear a su perro con cualquier tipo de correa sin aumentar los riesgos para ninguno de los dos.